¿Quién es El Creativista?

Me llamo Iván Romero y soy consejero directivo y de empresarios, CEOs y equipos de dirección.

Actualmente asesoro a 37 empresarios de sectores muy diferentes en toda España.

Entro en sus negocios a través de mis sesiones, escucho, analizo, pregunto, detecto bloqueos y ayudo a tomar las decisiones que hacen avanzar la compañía.

Mi trabajo sucede cerca de quienes cargan con la responsabilidad de decidir.

Directivos que necesitan ordenar una estrategia orientada a la ejecución pero con un componente diferencial.

Empresarios que sienten que su organización ha llegado a un punto en el que seguir haciendo lo mismo ya resulta insuficiente y necesitan desbloquear sus propias capacidades.

Aporto una visión externa construida después de años creando proyectos, acompañando empresas y realizando más de 1.500 horas de mentoría presencial.

La estrategia es mi campo y la creatividad es el hilo conductor de todo mi trabajo.

Creatividad aplicada a las ventas, para encontrar nuevas formas de captar clientes, comunicar valor y construir relaciones comerciales mediante la marca personal.

Creatividad aplicada a la estrategia de negocio, para detectar oportunidades, diferenciarse y tomar decisiones cuando los caminos evidentes se han agotado.

Creatividad aplicada a la vida, para ampliar las posibilidades desde las que una persona interpreta su realidad y decide qué hacer con ella.

Durante los últimos años, EL CREATIVISTA también se ha convertido en una marca con una presencia creciente en redes sociales y medios profesionales.

Cerca de 10.000 personas siguen mi contenido en LinkedIn, con una audiencia formada principalmente por empresarios, directivos y profesionales.

A esta comunidad se suman alrededor de 2.000 seguidores en Instagram, 400 en X, 300 suscriptores en un canal de YouTube que comienza a desarrollarse y una newsletter leída por más de 500 directivos.

Pero nada de esto empezó aquí.

¿De dónde viene mi historia?

Mi historia como EL CREATIVISTA empezó en una cadena de montaje.

Tenía 19 años y trabajaba en una empresa industrial. Cada día veía repetirse los mismos procesos, los mismos movimientos y los mismos problemas.

Hasta que descubrí que la compañía tenía un sistema para premiar las propuestas que mejoraban la producción.

Comencé a observar. A cuestionar. A proponer.

Ideas que me pagaban y eran mi vía de escape.

Durante una época llegué a ganar más dinero por las ideas que aportaba que por el trabajo para el que había sido contratado.

Aquel descubrimiento terminó marcando mi forma de entender la empresa: una idea puede tener valor económico, pero solo cuando alguien consigue convertirla en una mejora real.

Esa inquietud me llevó a dominar la Ingeniería en Diseño Industrial y Desarrollo de Producto como rama de conocimiento.

Llegué a comprender de dónde surgían las ideas, cómo podían entrenarse y de qué manera podían utilizarse para resolver problemas concretos.

Aquello se convirtió en un superpoder.

Después llegaron el emprendimiento, la innovación, los clientes, los proyectos y la dirección de empresas. Durante más de quince años he vivido distintas caras del mundo empresarial.

Creé una empresa de innovación, trabajé con grandes multinacionales desde su consejo de dirección, fundé una agencia de contenidos y atravesé también el lado menos amable del emprendimiento durante la pandemia.

Mis empresas quebraron de golpe, perdí lo que había construido y tuve que volver a empezar de cero.

Esa caída me enseño que una empresa crece al ritmo al que crece la persona que la dirige.

Que detrás de cada problema estratégico suele haber una decisión aplazada, una conversación pendiente, una capacidad que todavía debe desarrollarse o un miedo que está condicionando el rumbo de la organización.

Con el tiempo encontré una palabra para definir mi trabajo.

Creativista.

Para mí, ser creativo consiste en generar ideas mientras que ser creativista consiste en ayudar a los demás a hacer realidad las suyas.

Con 42 llegué a la abundancia pasando por la creación y la quiebra.

EL CREATIVISTA nace de toda esa experiencia para ayudar a los demás a conseguirlo también.

Porque tienes derecho a hacer historia.